lunes, 15 de mayo de 2017


Llega un punto en casi todas las temporadas regulares en que hay muchos equipos que ya no se están jugando nada excepto la honra de seguir ganando partidos o de subir uno o dos puestos en la clasificación aunque sin relevancia real. Esta motivación puede ser suficiente para la mayoría de deportistas, normalmente los más profesionales, aunque es comprensible que haya una pérdida de tensión competitiva en éstas situaciones. No disputar cada balón como si fuera el último, esforzarse aunque sin llegar al límite de tus fuerzas… es algo habitual cuando ya has cumplido tus objetivos y no es posible conseguir un objetivo superior de forma matemática.


Se podría decir que es una situación a la que se ha enfrentado por ejemplo  el Bayern Múnich de Guardiola en los últimos años. Campeón a falta de 7 jornadas para el final, era normal pensar que en las 7 jornadas restantes el equipo perdiera competitividad puesto que todos los objetivos en esa competición estaban cumplidos (tan sólo quedaba la motivación de ganar la liga sin perder ningún partido y algún otro tipo de récord), y así se demostró jornadas después puesto que desde la victoria contra el Hertha de Berlín por 1-3 donde se consiguió la Bundesliga, el Bayern disputó 4 partidos de los que sólo ganó  1, perdiendo 2 de ellos (algo que no había pasado en todo el año) incluyendo una sonrojante derrota en casa contra el Borussia Dortmund.

Por esta misma situación (aunque con matices debido a la confirmación de la marcha de su entrenador) ha pasado la UD Las Palmas ésta misma temporada. Equipo revelación en la 1ª vuelta de la liga, con un fútbol divertido y alegre, que ganando o perdiendo daba gusto ver, ha realizado una 2ª vuelta de campeonato muy por debajo de lo que se esperaba. Incluso con los refuerzos del mercado invernal, el nivel del equipo ha caído muy por debajo de lo que se pensaba, siendo uno de los elementos importantes la falta de motivación por un objetivo concreto, aunque ya se sabe que hay muchas más variantes en este caso.



Ésta situación es extrapolable a un equipo que se sitúa en mitad de tabla y que a falta de pocos partidos sabe que no puede descender de categoría ni disputar playoff de ascenso, o un equipo que ya ha alcanzado su objetivo de situarse en puestos de disputar una copa el año siguiente…. situaciones donde lo único que se juega es el honor de ganar o no los partidos restantes.

¿Cómo podemos hacer que el equipo se mantenga lo más centrado posible en los partidos restantes intentando no desvirtuar la competición?

1. Una de las maneras habituales que buscan todos los entrenadores es utilizar a jugadores que no han sido titulares en casi toda la temporada o jugadores jóvenes de la cantera que busquen destacar en estos partidos para hacerse un hueco en el equipo de cara a la próxima temporada. Esto se debe a que estos jugadores pueden mantener el nivel de motivación o de intensidad ya que ellos lo ven como una oportunidad de destacar para conseguir un puesto el año que siguiente o incluso buscar un traspaso a otro equipo.





2. Intentando buscar retos de equipo. Por ejemplo en este ejemplo que he puesto del Bayern, en Alemania se hablaba de que querían conseguir mantenerse invictos toda la temporada, y aunque al final no lo hayan conseguido me parece que es un buen ejemplo de buscar un reto que mantenga la motivación de los jugadores. Otro ejemplo podría ser conseguir superar la puntuación de años anteriores,  ayudar a algún jugador del equipo a conseguir un premio individual como puede ser el máximo goleador o el portero menos goleado…. Incluso conseguir ganar a un equipo al que nunca se le haya ganado o ganar esos partidos llamados de máxima rivalidad (derbys) donde la afición jugará un papel muy importante.


3. Establecimiento de objetivos individuales o el cambio de estos objetivos si ya se había realizado un establecimiento de objetivos. Ya he hablado en entradas previas de lo importante que es un establecimiento de objetivos en la temporada de un deportista ya que:

  ·         Mantiene la atención en aquello que queremos conseguir.
  ·         Puedes llevarlo a cabo con algún aspecto concreto y específico.
  ·         Expresar públicamente los compromisos fijados. Importantísimo. Los objetivos se pondrán a la vista de       cualquier componente del equipo para que todos puedan valorar el grado de implicación con el objetivo       que está demostrando cada deportista.
  ·         Que el deportista pueda controlar personalmente su evolución en el logro de los objetivos,                            proporcionándole medios evaluativos e incluso ir actualizando estos objetivos si los va cumpliendo.
  ·         Otro aspecto importante es que el deportista firme esos objetivos individuales que se ha puesto, ya que          eso demuestra que está conforme y que ha sido él mismo quien se ha puesto esos objetivos y no otra            persona.

Por tanto llegados a este punto donde se han conseguido los objetivos que se había establecido el equipo y donde aún quedan partidos por disputar lo que vamos a intentar va a ser un cambio en estos objetivos, sobre todo los individuales.

·         Se debe diferenciar entre los Objetivos de Resultado que se refieren a los logros deportivos que pretende alcanzar (y que en este caso ya hemos alcanzado) como ganar campeonatos, conseguir un puesto determinado…
·         Y  los Objetivos de Ejecución, que incluyen el trabajo que deben hacer a nivel físico, técnico, estratégico, psicológico, etc., para poder lograr tales resultados.



La percepción del control de los objetivos de ejecución, reforzará nuestra autoconfianza, potenciará nuestra motivación y nos ayudará a generar paulatinamente una mayor concentración.
Está claro que nuestra intención deberá ser la de cuidar estrechamente la consecución de los objetivos de ejecución, ya que eso nos dará una mayor probabilidad de conseguir los objetivos de resultado y además mantiene la atención del deportista en una tarea específica sin tener en cuenta el resultado de la acción.

Un ejemplo clásico al preguntar por objetivos es que te digan: "Yo quiero marcar 2 goles" o "Quiero meter 13 puntos". Eso sería un objetivo de resultado. En cambio lo que se suele hacer en casos así sería: "Vale, tu quieres conseguir eso, ¿pero que vas a hacer para conseguirlo? ¿Qué acciones vas a llevar a cabo o en cuáles debes mejorar o concentrarte para llegar a ese objetivo?". En este caso estamos preguntándole por objetivos de ejecución. En este caso la respuesta podría ser: " Voy a concentrarme en hacer una presión más intensa en la salida de balón de sus centrales" o "Voy a intentar concentrarme en los rebotes defensivos porque eso permitirá al equipo robar más balones y así podré meter más puntos".


La concentración es, principalmente y a nivel práctico, producto del manejo de dos variables: la atención y el nivel de activación. Cuando un jugador se concentra en la acción que va a ejecutar, hace que su atención se centre exclusivamente en los estímulos que son relevantes para esta tarea.


miércoles, 29 de marzo de 2017


Parece que últimamente los campos de fútbol en partidos de fútbol base, o sea, ese fútbol de formación que sirve a los niños y no tan niños para educarse y aprender, aprender tanto aspectos deportivos y futbolísticos como aspectos educativos como respeto por el rival, asumir victorias y derrotas, vivir nuevas experiencias…. Se está llenando de episodios lamentables tanto dentro del campo como fuera de él.

Episodios como los vividos en la pelea de padres en Mallorca, episodios como el de esta misma semana donde tras un roce entre dos jugadores, alguien del público se acaba metiendo de por medio y el jugador implicado responde haciendo que se desencadene otra batalla en la grada…. Lo que está claro es que se trata de un tema educativo, del cual gran parte de culpa la tienen los padres. Sí, los padres.

Y es que cuando un niño se inicia a jugar a fútbol, los elementos de influencia de los cuáles más van a copiar van a ser sus padres y su entrenador, tanto por cercanía como por ser figuras de respeto y ejemplos a seguir.



Los padres tienen que entender que la competición de por sí es un elemento que provoca estrés y su cometido es no aumentar más ese estrés natural, porque entonces se generaría un estrés negativo y, por tanto, perjudicial para los/as niños/as. No sólo eso, si no que su comportamiento en la grada debe ser un ejemplo para su hijo, buscando incluso la manera de convertir un evento negativo (una derrota, una ocasión fallada, un error que cuesta un gol, decisiones arbitrales erróneas que cuestan derrotas…) en una manera de aprender, dándole un enfoque positivo y convirtiéndolo en una experiencia de cara al futuro que le ayude para su vida como jugador y como persona.

Lo que está pasando es que lo que sale a la luz son aquellos que llaman la atención, aquellos “padres” que se consideran más inteligentes que los entrenadores o al menos con más conocimiento o capacidad para dirigir la carrera de su hijo. Aquí podemos ver algunas de sus características:

       Son aquellos padres que permanecen durante todo el partido como si estuvieran en las gradas de un estadio de Primera División como hinchas apasionados. Insultos al árbitro cuando se equivoca (árbitro que suele ser un adolescente que podría ser su propio hijo), menosprecia e insulta al equipo rival, e incluso al entrenador y jugadores de su propio equipo….

       Son padres empeñados en ayudar a su hijo transmitiendo toda su experiencia del fútbol con el objetivo de llegar a ser un gran jugador. Se comportan como si fueran entrenadores. Aprovechan todo momento para dar instrucciones a sus hijos durante el partido o fuera de él. Incluso dan consejos a los otros jugadores también. Muchos de estos consejos, como es natural, no coinciden con los que reciben sus hijos por parte del entrenador y se produce un bloqueo importante porque no sabe a quién de los dos debe hacer caso y el niño desea complacer a los dos. No sólo eso, si no que presionará a su hijo para y se enfadará con él cuando no consigue las metas que el como padre le había puesto.

       La primera pregunta de estos padres si no pueden ir a ver un partido será “¿Cómo habéis quedado? ¿Marcaste gol?” porque a él sólo le importa el resultado y si su hijo a triunfado o no en ese partido. No le importa si su hijo se lo ha pasado bien, si ha aprendido algo nuevo…

       Es bastante frecuente verlos hablar con los otros padres o directivos sobre temas referentes a la organización y desarrollo del equipo en momentos que no son los más adecuados y delante de jugadores del equipo donde juega su hijo. Esto hace mucho daño al equipo y a los hijos.

       Ellos piensan que no hacen nada malo, de hecho, piensan que son los únicos que entienden la situación.

       A raíz de esto último, no valora las consecuencias de su comportamiento, no valora si está haciendo el ridículo, avergonzando a su hijo, si es un mal modelo de conducta…. Son auténticas bombas a punto de explotar en cada partido.

       Este tipo de padres es conveniente que desaparezcan de la entidad cuanto antes porque hacen mucho daño. Hay dos formas de hacerlo, ganándotelo para tu bando, es decir, convenciéndole de que se está equivocando con su actitud, o apartándolo definitivamente si no está dispuesto a realizar ese cambio por su hijo. 

  Lo que los padres deberían hacer:

       Procurar divertirse viendo jugar a sus hijos un partido.
       Estar contentos de que sus hijos/as estén enganchados a un deporte, por los beneficios que les puede proporcionar.
       Ser conscientes que su comportamiento en la grada es muy importante para la formación de sus hijos/as, porque ellos observan cómo actúan sus padres y probablemente ese será su estilo de comportamiento en el futuro (los padres son modelos de aprendizaje para los/as niños7as).
       Saber que el partido es de su hijo/a, y no de ellos.
       Los partidos y los entrenamientos pertenecen exclusivamente a los jugadores y a los entrenadores.
       Saber que deben ser un ejemplo de comportamiento con los árbitros, jugadores del otro equipo, entrenadores y público.

Por tanto, queda claro que los comportamientos que estamos viendo últimamente en los medios no son los deseables y deberíamos acabar con ellos. También quiero mencionar una cosa importante: creo que realmente la mayoría de padres de niños deportistas son esos padres realmente útiles que se preocupan de la educación de su hijo y de si está aprendiendo cosas nuevas y pasándoselo bien, aunque como esto no suele llamar la atención, no suele salir en los medios y sí en cambio los 4 energúmenos de turno.


Pongamos también de vez en cuando en los medios a padres que realmente saben hacer las cosas bien para dar ejemplo a los demás y no tanto a los que no hacen bien las cosas. Centrémonos en lo positivo y no tanto en lo negativo.

jueves, 3 de noviembre de 2016


Motivación: ¿qué es y cómo fomentarla?

La motivación es el conjunto de razones o causas que llevan a una persona a la realización de algo, consecución de unos objetivos o satisfacer unas necesidades.

Encontramos distintos tipos de motivación (y también la ausencia de ésta):

  Motivación interna: cuando se practica deporte por el placer inherente al mismo. Por ejemplo, los niños.
  Motivación externa: hace referencia a motivos extrínsecos al deporte en sí: fama, dinero, sociedad…
  Desmotivación: falta de intencionadlidad y por lo mismo, ausencia relativa de motivación. Experimentan sentimientos de incompetencia.

¿Cómo motivar?

  1º de todo…. Debemos hacernos dos preguntas:

  ¿Qué necesita el jugador?
  ¿Cómo puedo dárselo?

Una persona que necesita seguridad, se comporta con dudas. ¿Cómo puedes dársela? Proponiéndole una manera de hacer las cosas. Eso hará que se sienta seguro cuando está realizando la acción porque “esa es la manera adecuada de hacerlo y es lo que tengo automatizado”.

Alguien a quien le falta aceptación, intenta llamar la atención o se esconde. ¿Cómo puedes dársela? Hacerle sentirse protagonista. Darle un rol que le haga sentirse importante dentro del grupo.


Alguien a quien le falta sentido, empieza muchas cosas pero no termina ninguna, no persiste. ¿Cómo puedes ayudarle? Conectarlo con sus ilusiones. Conectarlo con aquello que realmente le apasiona y que le gustaría llevar a cabo con los ojos cerrados, intentar que estas ilusiones y nuestro objetivo tengan un nexo común. Encontrar una razón para realizar la acción, algo que llegue al corazón. Una vez le encontramos un sentido, llevará a cabo la acción duraderamente y con intensidad


miércoles, 29 de junio de 2016


El 27 de Junio de 2016 será recordado no como el día en que Argentina perdió la final de la Copa América Centenario contra Chile. No. Será recordado como el día en que Leo Messi falló un penalti en la tanda que le podía dar el título a Argentina. Será recordado por sus lágrimas posteriores. Pero sobre todo, será recordado por su posterior renuncia a seguir en la selección argentina.

"Para mí se terminó la selección. Ya lo intenté mucho, me duele no ser campeón con Argentina y me voy sin lograrlo. Son cuatro finales las que me tocó perder, tres seguidas. La verdad que es una lástima, pero tiene que ser así.”



Con éstas palabras se terminó (al menos de momento) el periplo de Leo Messi por la selección argentina. Y por primera vez Argentina pudo ver en el rostro de su estrella esos sentimientos que tanto decían que le faltaba. Por primera vez Argentina pudo ver llorar, sufrir y sobre todo, la soledad de Leo Messi. ¿Por qué se siente sólo? ¿Por qué se va?
‘La Roja’ chilena no sólo se hizo con el título, sino que volvió a poner frente al espejo a una selección albiceleste que de nuevo quedó al amparo de Leo Messi. Por tercera final consecutiva, Argentina no tuvo de quien tirar más allá de su estrella, y fue Chile, quién si no, quien así lo certificó.

Messi siente que a él se le exige más que a los demás. Siente que debe ganar un Mundial o una Copa América para ser digno de llevar ese 10 en la camiseta que antes que él portó “el pelusa”. Jugar a fútbol bajo ese nivel de exigencia (el más alto que te puedes poner) es algo casi insoportable. Sólo la victoria te vale, y ni siquiera eso te dejaría satisfecho, ya que era lo único esperable: solo valía ese resultado, era lo esperado.

En el Barcelona, a pesar de su condición de líder del equipo, reparte más esa responsabilidad al contar con jugadores como Luis Suárez, Neymar, Iniesta, Piqué…. En cambio en Argentina, nadie duda que Leo Messi es el crack absoluto a pesar de contar con jugadores como Higuaín, Agüero, Mascherano, Di María…. Argentina es un país que vive y muere por el fútbol, un país pasional en donde cuando su equipo gana es el mejor equipo del mundo y cuando su equipo pierde no vale para nada y hay que echarlos a todos.
Messi jugó una final apoteósica, un partido intocable, de una personalidad y arrojo que casi emocionan. Cogió cada balón a 50 metros y decidió que sería el último de su vida. Con mucho, el mejor partido de las tres finales... y a Argentina no le bastó. ¿Por qué? Pues porque nada de lo que le rodea, en estas circunstancias, es capaz de aportar algo que realmente le sirva a esa Selección no ya para ganar, sino para ser mejor. Argentina volvió a jugar lejos de portería, volvió a tener menos posesión que Alemania y las dos veces de Chile. Argentina no tiene capacidad de plantarse en una final y mandar. A Mascherano, Biglia, Rojo, Mercado, Di María, etc les falta calidad, jerarquía y en algunos casos, ambas cosas. Repito, siempre en el contexto de Argentina. Un contexto salvaje que además es tremendamente peculiar.



Las palabras de Maradona días antes no creo que hayan ayudado en ésta situación. Sentirse “despreciado” por un jugador al que admiras como todo argentino no tiene que ayudar en esta situación. Se siente sólo: sólo porque la AFA es un desastre organizativo, sólo porque la prensa argentina le culpabiliza de todo lo que le ocurre al equipo además de exigirle ser mejor que Maradona, sólo porque la afición necesita un título y sólo le vale ganar torneo tras torneo…. Y sólo porque no encuentra un compañero sobre el que repartir parte de esa pesada carga. Porque no nos engañemos, Argentina tiene muchos nombres pero pocos jugadores de auténtica élite: contamos a Di María, Mascherano y poco más. 

Pero, sobre todo, lo que siente Messi, es culpa. Sí, culpa. Culpa por no haberle dado a Argentina aquello que más desea que es un título. Messi se hace cargo, se ve responsable de no poder hacer feliz a su país. Siempre quiso jugar para Argentina pero no le puede dar una alegría. Se culpa de esas 3 finales en las que no ha podido corresponder a su país ganando un título que no ganan desde 1993. Pudimos verlo al acabar la final con Chile: un Messi inconsolable, llorando con la mirada perdida, con ese sentimiento de oportunidad perdida. Y van 3.

Y Leo Messi lloró, y Argentina comprendió que estos años con un % de victorias superior al 90% había sido una fantasía: siempre han criticado a Messi pero en el fondo sabían que sin el ésta fantasía no se habría hecho realidad y ahora se dan cuenta del daño realizado en el corazón de Leo.



Messi debería plantearse su decisión por un tiempo y sobre todo, si volviese a jugar con la selección, replantearse su manera de enfocarla: nadie puede jugar y ganar con una mochila tan pesada a la espalda. Simplemente, disfrutar jugando, igual que disfruta en su querida Barcelona. Sonreír. Sonreír celebrando un gol y no celebrarlo con rabia de toda la tensión acumulada.


Y si finalmente Messi no vuelve a la selección, nos daremos cuenta de que, en ocasiones, hasta el mayor héroe que ha existido jamás también muere. Y es que, si recordamos, Superman también acabó cayendo a manos de Doomsday. Leo Messi, el kryptoniano del Camp Nou.

miércoles, 15 de junio de 2016


¿Qué le pasa a James? En la plantilla actual del Real Madrid hay pocos futbolistas con tantas condiciones para jugar al fútbol como él. Y eso es algo que el propio James sabe. En esa plantilla también hay pocos futbolistas que durante la pasada temporada se hayan esforzado menos que el 10 colombiano para ganarse un hueco en el once. Y eso es algo que en la plantilla saben todos menos James, por lo que se ve.
En su primer año en el Madrid hizo lo más difícil: sobreponerse a las dificultades de adaptación a un club con semejante nivel de exigencia, y triunfar en toda regla. Pero la pasada temporada fue un fracaso para él y todavía no ha hecho la autocrítica necesaria para asumir su responsabilidad, apretar los dientes y redoblar esfuerzos. Sigue buscando culpables en los dos entrenadores que ha tenido, o en supuestos tratos de favor a otros jugadores, o en agravios que no son tales. Sigue buscando excusas.



            James todavía no ha entendido que la culpa de lo que le pasa a James sólo la tiene James. Para lo bueno, pero también para lo malo. Zidane lo intentó cuando se hizo cargo del equipo, pero desistió al ver que el de Cúcuta no le respondía.   
            En cambio, es enfundarse la camiseta de la selección cafetera y todo cambia para James. Aquellas cosas que no consigue hacer el en Madrid, en Colombia le sale con fluidez total: disparos lejanos, pases milimétricos, llegada al área, centros medidos, personalidad para decidir partidos…. Todo eso aparece con Colombia, por lo que nos queda claro que no ha desaparecido. Por tanto…. ¿Qué le pasa a James?
            Ahora mismo, James cree firmemente que en el Madrid no está recibiendo el trato que se merece por sus declaraciones, y que en cambio en Colombia se siente querido y disfruta jugando a fútbol. En muchos casos, las creencias son subconscientes y afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las cosas y situaciones que nos rodean.
            Un punto importante: cuando una creencia se instala en nosotros de forma sólida y consistente, nuestra mente elimina o no tiene en cuenta las experiencias que no casan con ella. Son una fuerza muy poderosa de nuestra conducta. Si alguien realmente cree que puede hacer algo, lo hará, y si cree que es imposible hacerlo, ningún esfuerzo por grande que éste sea logrará convencerlo de que se puede realizar. Ahora mismo James está en ese punto: el cree que con el Madrid se está siendo injusto con su trabajo y que no puede rendir como debería.



            Lo que le está pasando factura es todo aquello externo a él. Aspectos que él no puede controlar como son la prensa, los rumores, sus actividades fuera del campo… Como son la lesión, su altercado con la policía, los rumores sobre salidas nocturnas, el sobrepeso, pobre nivel de entrenamiento… Todo esto son aspectos que no tienen que ver con él, ya que le vienen desde fuera, pero que le están minando moralmente haciendo que su estancia en Madrid esté siendo complicada. Por eso cada vez que va convocado con Colombia es una liberación para él: fuera toda la mala prensa, rumores, aspectos externos…. Para centrarse única y exclusivamente en aquello que importa: la competición y el partido concreto. Y los resultados están ahí. No soy muy fan de sacar datos estadísticos porque no siempre reflejan aquello que queremos mostrar (debido a la influencia de muchos factores) pero aún así vamos a centrarnos en un dato:

·         Estadística en el R.Madrid en la temporada 2015-2016: 32 partidos, 8 goles.
·         Estadística con Colombia en la Copa América 2016: 3 partidos, 2 goles.

Aunque los datos con Colombia sean de una muestra muy pequeña, lo que queda claro es que el nivel de influencia en el juego con Colombia es mucho mayor al que ha podido tener en el Real Madrid, ya que, a pesar de su bajo rendimiento, ha disfrutado de bastantes minutos, ya fuese como titular o como suplente.

Y es que…hacer especial una situación es la peor forma de afrontarla. Pensar que lo que haces habitualmente no te va a llegar para cumplir tu objetivo no te beneficia de ninguna manera. Primero porque siembras la duda en tus capacidades y segundo porque hacer de forma diferente algo que tienes entrenado de una manera determinada sin haberlo ensayado antes tiene poca probabilidad de salir bien.

Lo que él debe hacer es poner su atención y sus esfuerzos en aquellos aspectos que pueda controlar, centrarse en aquello que él puede manejar y donde no hay nada externo: nivel de entrenamientos, rutinas antes de entrenar y antes de los partidos, establecerse objetivos de entrenamiento que le sirvan para los partidos (como por ejemplo, realizar desmarques de ruptura, jugar a un determinado número de toques, mantenerse en movimiento y mirando el balón en las jugadas a balón parado…) y mantener la concentración durante los entrenamientos y los partidos en esos aspectos que se ha podido establecer el mismo o con ayuda de su entrenador en función de lo que éste ve.

Si cuida en cada entreno, en cada partido, que ese rendimiento sea perfecto, llegarán los resultados antes o después porque estamos jugando con la suerte, con la buena: la que hace que te lleves el premio. Pero no se puede descuidar ni un solo segundo y debe darlo todo cada día para propiciar que su rendimiento haga su trabajo. Es más difícil levantarse tras caer, seguir luchando por lo que te mereces, pero tiene mucho más mérito. Con Colombia demuestra que puede ser ese jugador importante que le vimos en su primera temporada en España, por lo que no hay motivo controlable por su parte para que no pueda mantener ese rendimiento en el Real Madrid o en el equipo donde juegue. 


miércoles, 25 de mayo de 2016


No es fácil encontrar un auténtico “depredador” del área, un delantero goleador que intimide a los defensas solo con su presencia. No es solo una cuestión de calidad o talento futbolístico, de “tener gol”, es mucho más, necesita disponer de una personalidad arrolladora que le ayude a ser una pesadilla para las defensas de los equipos rivales. No me refiero a ser un provocador, que atente contra el juego limpio, sino a ser capaz de intimidar a los rivales desde el esfuerzo y el trabajo bien hecho, desde una mentalidad (competencias emocionales) que ponga al rival en permanente dificultad.
El talento es insuficiente. Unas competencias emocionales específicas incrementan el valor del talento y mejoran la capacidad para definir ante la portería rival. Es necesario entrenar la personalidad del delantero centro, educar en él unos valores, una actitud y unas competencias emocionales específicas. Los niños no nacen teniendo gol o siendo depredadores del área. Los entrenadores deben ir educando o moldeando en las diferentes edades esas competencias emocionales que definen al delantero centro competitivo, le ayudan a vivir cerca de la portería rival y a convertirse en un peligro constante para el rival.



Podemos identificar las siguientes competencias emocionales imprescindibles en un buen delantero centro competitivo:
·         Conducirse siempre desde el máximo ESFUERZO. Solo se mejora desde el esfuerzo. Cuando uno se obliga a dar lo máximo cada día, en cada entrenamiento y en cada partido hasta convertirlo en un hábito, es cuando se está en disposición de mejorar. Exigirse el máximo esfuerzo tolerando la fatiga, mejora la condición física, desarrolla el carácter y hace mejor al futbolista. El delantero tiende a regular su esfuerzo y a no desgastarse en trabajo defensivo. Es una creencia equivocada que le resta valor como futbolista. Las mayores satisfacciones suelen ir precedidas de los mayores esfuerzos. Luis Suárez es uno de los delanteros más en forma del momento y en su haber está su esfuerzo, insistencia y disputa incansable o permanente con los defensas rivales. 
·         Saber TRABAJAR EN EQUIPO o hacer un TRABAJO COLECTIVO. El trabajo del delantero centro es una parte dentro de un trabajo colectivo, por lo que ha de tener un elevado espíritu de cooperación con sus compañeros. Es quien inicia el trabajo defensivo del equipo, y quien finaliza el juego de ataque. El gol es la expresión final de un trabajo de ataque por parte de todo el equipo, rubricado por el delantero centro. Pero su función no solo es la de hacer goles, definir, sino también asistir a sus compañeros para que marquen goles. El delantero centro es un especialista, como cada uno de sus compañeros, dentro de un trabajo colectivo. 
·         Tener AUTOCONFIANZA. El delantero centro vive rodeado de contrarios que tratan de impedirle realizar su trabajo. En el duelo con los defensas rivales ha de sentirse capaz de trabajar más y mejor, que ellos, de imponerles su trabajo hasta meterles en dificultades, generarles dudas y llevarles al error. Eso solo es posible trabajando desde el atrevimiento, la determinación, el empuje… la autoconfianza. Karim Benzema (Real Madrid) es el delantero centro que más ha crecido en su autoconfianza. Zinedine Zidane está sabiendo ejercer sobre él una tutoría deportiva y personal que le está ayudando a crecer en su confianza. Leo Messi (FC Barcelona) sabe que es el mejor del mundo, su autoconfianza es máxima, lo que le permite echarse el equipo a la espalda y tirar de él para decidir el partido, sobretodo en los partidos importantes. Lo mismo sucede en Cristiano Ronaldo (Real Madrid), su autoconfizanza está blindada y nada parece debilitarla.
·         ENTENDER EL ERROR / TOLERAR LA FRUSTRACIÓN. El trabajo del delantero centro es muy evidente, salta a la vista, está muy expuesto ante la grada. Sus aciertos y errores siempre son manifiestos, no pasan desapercibidos. El futbolista debe ser consciente de esta exposición acompaña a su trabajo, sus aciertos y errores son sobrevalorados. ¿Quién no se equivoca? No entender ni tolerar la posibilidad del error hace más vulnerable, más inseguro y multiplica los errores o fallos; saber que la posibilidad de errar alguna ocasión clara es inherente al trabajo del delantero centro hace menos sensible ante el error y potencia el atrevimiento. BaleBenzema en el Bernabeu, han tenido que escuchar la discrepancia puntual de la grada hacia ellos sin que hiciera mella en su trabajo. En el partido siguiente son capaces de anotar un hattrick. Saben que todas sus acciones no se van a convertir en gol y saben convivir con ello, forma parte de su trabajo.



·         El buen delantero centro relativiza el error. No meter gol no quiere decir que haya definido mal. A veces es mérito del portero rival, quien ha estado acertado. De igual forma, una o dos acciones, por muy llamativas que sean, no pueden distorsionar el trabajo de todo un partido. El delantero centro no debe atender apenas a la posibilidad del error. 
·         Saber CONVIVIR CON EL GOL. El gol no se busca, se gestiona. Cuando el gol se busca desesperadamente, casi de forma obsesiva, resulta difícil encontrarlo. En cambio, el gol llega desde la máxima concentración, la tranquilidad, la confianza y la correcta gestión del juego en la proximidad o dentro del área. Dicen que el gol es cuestión de rachas. No estoy de acuerdo. El gol acompaña a los estados de ánimo. Un gol trae más goles porque libera de la responsabilidad y obligación de hacerlo, mientras que un fallo puede traer más fallos cuando aumenta la obligación y la responsabilidad de hacer gol, a veces hasta convertirse en una obsesión. SuárezMessiBenzema, Ronaldo tienen una relación de amistad con el gol, no lo ansían, simplemente lo tienen, lo expresan, lo hacen, lo gestionan, saben convivir en armonía con él.
·         DEFINIR, SIN SENTIR NI PENSAR. La cercanía del gol suele sensibilizar a la mayoría de jugadores, metiéndoles cierto vértigo que les lleva a precipitarse o dudar. Parece que definir conlleva una carga emocional diferente a cualquier otra acción ejecutada fuera del área. Solo unos pocos, los grandes goleadores, no sienten nada en la definición, se muestran inteligentes, ven y hacen, leen y resuelven con la misma concentración, tranquilidad y confianza que lo hacen alejados del área. Son auténticos “psicópatas” del gol, pues definen como una máquina, sin sentimientos, sin dudar, lo ven y lo hacen, lo inventan en el mismo instante. A los mejores no les tiembla el pulso ante la posibilidad del gol. Lo ven y lo hacen. Son máquinas de hacer goles, máquinas sin sentimiento. Luego lo disfrutan y lo celebran como el que más, pero mientras lo están gestionando no se permiten sentir nada, definen estando muy concentrados y serenos.
·         ACEPTAR LAS CRÍTICAS. El delantero centro siempre está en boca de sus propios aficionados y medios de comunicación, unas veces para valorar y ensalzar su rendimiento otras para cuestionarlo o criticarlo. Su trabajo nunca pasa desapercibido. Es necesario para mantener el equilibrio emocional asistir impasible a la opinión de los demás, independizarse de ella, ser autónomo, tener criterio. Suelen ser opiniones no expertas ante un trabajo que se desarrolla en un “escaparate”, expuesto ante miles de aficionados o espectadores. Las opiniones ajenas son respetables aunque no tienen por qué ser compartidas. El futbolista debe atender y considerar solo la opinión de sus técnicos. Cualquier delantero centro ha vivido momentos puntuales de desencuentro con sus aficionados. Son críticas que no les dejan huella, más bien mueven su amor propio y les estimula.
·         AGRESIVIDAD. El buen delantero centro requiere de agresividad positiva, ha de ser un tipo “caliente”, que viva con intensidad el duelo con los rivales, que active su adrenalina y testosterona necesarias para vivir la competencia con los rivales. El carácter rebelde acompaña dentro del terreno de juego. Zlatan IbrahimovicMario Balotelli o Luis Suarez responden al perfil de “bad boys” por su carácter displicente, bronco, belicoso. Mourinho cuenta una anécdota muy gráfica sobre Balotelli. Habiendo sido amonestado y no disponiendo de otro delantero, Mou dedicó a Balotelli casi todos los minutos del descanso para que tuviera cuidado, se controlase y evitase la expulsión en la segunda parte. En la primera acción tras el descanso fue expulsado. Si estos futbolistas no tuvieran ese carácter fuerte y agresivo posiblemente no serían los que conocemos sobre el terreno de juego. Sería mucho pedirles que fuera del terreno de juego fueran un ejemplo de equilibrio y autocontrol personal. No obstante supone un reto en la etapa de formación enseñar autocontrol emocional a chicos del perfil de bad boys, de conducta disruptiva.
·         Ser GENEROSO. El éxito de un delantero siempre guarda una relación directa con el trabajo colectivo, en el que sus compañeros participan aunque sea en un segundo plano. El delantero goleador personaliza el éxito de todo un equipo. Que obtenga mayor reconocimiento público e incluso económico, dado que el gol se paga bien, no puede llevarle a un egoísmo absurdo. Debe ser generoso con los compañeros porque en realidad su brillo lo debe en gran medida al trabajo de sus compañeros. 
·         Tener HUMILDAD. Nunca se puede perder la perspectiva de los propios orígenes, de dónde se viene y cómo se ha llegado al momento presente. La humildad es necesaria para mantenerse en una actitud de mejora permanente. 



·         La humildad también ayuda a respetar al rival y a los compañeros, hace que no te confíes ante un rival inferior ni pongas difícil la convivencia dentro del equipo. La humildad ayuda a relativizar lo que los demás entienden por éxito y fracaso; el éxito solo es un trabajo bien hecho, mientras que el fracaso es un trabajo que hay que mejorar. La humildad ayuda a digerir el éxito y a no distorsionar la realidad. Donde los demás ven un icono mediático uno solo es se percibe como un buen profesional que intenta hacer su trabajo lo mejor posible sin regatear ilusión y esfuerzo.
·         Ejercer LIDERAZGO. El delantero centro está llamado a ser uno de los líderes en la tarea, sobre el terreno de juego. Por su demarcación y por su capacidad de intimidación hacia el rival el delantero centro tira de su equipo, éste le busca y agradece encontrarlo. No es necesario que lleve el vestuario, que lidere al grupo desde la vertiente social y afectiva, pero el delantero centro debe ejercer un liderazgo desde la tarea, siendo una referencia importante para los compañeros sobre el terreno de juego.
·         Moverse por NUEVOS Y SUCESIVOS RETOS. Escalar hacia la élite, situarse entre los mejores, exige trabajar duro cada día tratando de aprender y mejorar de forma que cuando se asciende de nivel o categoría hay que seguir insistiendo, sin pararse, para seguir escalando a otro nivel inmediatamente superior. Una vez logrado un reto hay que plantearse otro nuevo y así sucesivamente. Conformarse o acomodarse equivale a dejar de mejorar y crecer. 
·         Alcanzar la AUTONOMÍA EMOCIONAL. El delantero centro “matador” debe ser una persona autónoma a nivel emocional, que disponga de la llave de su propio equilibrio y no se deje zarandear por las circunstancias. Cualquier acontecimiento favorable o desfavorable lo vive con relativa tranquilidad y equilibrio, sin sobresaltos, ni euforia ni angustia, sin perder la cabeza. Llega a entender y disfrutar del “glamour” que acompaña al delantero goleador, sin darle más importancia. 

No existe la perfección, ni hablando del delantero centro ni en nada. No existe un referente que aglutine todos los valores o competencias emocionales enunciadas. No existe el delantero centro perfecto con todas las cualidades positivas. No existe la perfección, solo un camino de mejora y de aproximación hacia la excelencia. Disponemos de diferentes modelos de los que aprender y mejorar. Hemos querido revisar qué valores y competencias emocionales pueden impulsar el talento del delantero centro para avanzar en la formación de los futbolistas.

A modo de conclusión, el delantero centro no nace siéndolo, va aprendiendo a serlo progresivamente, formándose cada día, enseñándole y educándole no solo en lo referido a contenidos técnico-tácticos sino también en cuanto a valores y competencias emocionales que ayudan al rendimiento óptimo y al mejor desarrollo deportivo y personal.

Artículo basado en José Carrascosa: http://sabercompetir.com/la-personalidad-del-delantero-centro-2/
 
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